A Keira Bell le recetaron bloqueadores de la pubertad a los 16 años

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Los expertos en disforia de género afirman que las adolescentes vulnerables están siendo dirigidas hacia intervenciones perjudiciales

Sian Griffiths, Editor de Educación Sábado, 9 de enero de 2021, 17:00 GMT, The Sunday Times

The Sunday Time

Un experto mundial en autismo ha advertido en documentos legales de reciente publicación que las niñas con autismo o anorexia parecen más propensas a afirmar que quieren convertirse en niños.

Las pruebas del profesor Christopher Gillberg se presentaron en un caso del Tribunal Supremo que se tradujo en un fallo histórico el mes pasado, en el que se afirma que es improbable que los menores de 16 años den su consentimiento informado para someterse a un tratamiento con fármacos «experimentales» que bloquean la pubertad, los cuales casi siempre les llevan a tomar hormonas sexuales cruzadas para cambiar sus cuerpos.

El Tavistock and Portman NHS Foundation Trust, que dirige la única clínica de identidad de género del servicio nacional de salud para niños en Inglaterra, suspendió nuevos tratamientos en espera de una apelación contra el fallo.

The Sunday Times ha obtenido la aprobación del tribunal para publicar la evidencia de varios expertos que prestaron declaración en el caso.

Gillberg, psiquiatra de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y que ocupa distintos cargos en otras universidades, incluida la de Glasgow, está revisando las investigaciones sobre lo que ocurre con los niños que reciben tratamiento para la disforia de género. El estudio aún no se ha publicado.

En su declaración escrita al Tribunal Supremo afirma que los estudios han demostrado que, si no se interviene, los síntomas suelen resolverse por sí solos, y que, a medida que las niñas van creciendo, aceptan que quieren vivir como mujeres. Gillberg afirma que, en 45 años de tratar a niños autistas, vio pocos casos de confusión de género hasta 2013. A partir de ese año, se registró una explosión mundial en el número de niños que afirmaban querer cambiar de sexo. En Suecia, como en el Reino Unido, comentó, la mayoría eran niñas que querían ser niños.

Las investigaciones han demostrado que los adolescentes con autismo o anorexia, así como los que han tenido una infancia difícil, tienen más probabilidades de afirmar que quieren cambiar de sexo. Un documento publicado el año pasado sugiere que los trastornos del espectro autista tienen «una prevalencia del 6 % al 26 % en las poblaciones transgénero, un rango superior al de la población general».

Gillberg afirmó que los adolescentes están encontrando páginas web sobre transgenerismo, donde se les sugiere que pueden resolver sus problemas si cambian de sexo. Los adolescentes autistas, dijo, son particularmente vulnerables y se aferran a una sola respuesta «a los problemas de identidad que han sufrido durante toda su vida».

«A miles de adolescentes se les ofrece ‘tratamiento’ con bloqueadores de la pubertad, terapia hormonal y, finalmente para algunos, una variedad de intervenciones quirúrgicas. Tanto en el Reino Unido como en Suecia, esto ocurre a pesar de que no existan pruebas empíricas que demuestren que estos tratamientos sean beneficiosos a largo plazo para estos jóvenes», dijo.

Los bloqueadores de la pubertad pueden afectar al coeficiente intelectual, añadió, y algunos efectos, como la voz más grave y el vello facial, además de la posible infertilidad de las chicas que toman estos fármacos, son irreversibles.

Gillberg dijo que había «cada vez más pruebas anecdóticas de que muchos se arrepienten de su decisión de someterse al cambio de sexo biológico». Los médicos deberían informar a las familias que «se trata de un experimento en vivo con adolescentes y niños».

«La adolescencia puede ser un período especialmente convulso, y los jóvenes suelen tomar decisiones imprudentes de las que luego se arrepienten. Las jóvenes con autismo y anorexia nerviosa son particularmente vulnerables», comentó.

Gillberg, que también es médico jefe del Hospital Infantil Reina Silvia de Gotemburgo, figura en una lista publicada por el grupo mediático Thomson Reuters de los investigadores más citados e influyentes.

Las pruebas periciales se presentaron al Tribunal Supremo el año pasado para el caso de Keira Bell, de 23 años, a quien el centro Tavistock recetó bloqueadores de la pubertad cuando tenía 16 años y trataba de hacer la transición a varón. Tras este fallo histórico se necesitará una autorización judicial antes de poder prescribir fármacos a niños que se muestran confundidos sobre su identidad de género.

Bell tomó testosterona y se hizo una doble mastectomía a los 20 años, pero ahora vuelve a vivir como una mujer después de la «detransición».

El número de derivaciones al servicio de género de Tavistock ha aumentado considerablemente en los últimos años. En 2009, se derivaron 97 niños. En 2018 la cifra era de 2.519. La mayoría de los niños a los que se les prescriben bloqueadores de la pubertad en la clínica son niñas. En 2011 la distribución era aproximadamente del 50-50 entre niñas y niños, pero en 2019 la división había cambiado, y el 76 % eran niñas.

La profesora Sophie Scott, directora del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la UCL, declaró al tribunal que

«los bloqueadores de la pubertad tienen profundos efectos en el cuerpo en desarrollo, y, como parte de los cambios que se observan en la adolescencia implican efectos hormonales en la función cerebral, es probable que el impacto de estos fármacos en la maduración del cerebro sea nocivo». Afirmó que le «preocupaba que la pauta de tratamiento actual esté exponiendo a los jóvenes a un riesgo significativo de sufrir daños». La mayor susceptibilidad a la presión de grupo en los menores de 18 años puede hacerles especialmente vulnerables a la asunción de riesgos, y esto sin duda puede ser potenciado por las redes sociales, en las que se pueden alentar acciones sin asumir ninguna responsabilidad por los resultados».

Stephen Levine, profesor de psiquiatría de la Universidad Case Western Reserve de Ohio, especializado en terapia sexual y que ha tratado a pacientes transgénero durante los últimos 40 años en Estados Unidos, aportó pruebas de que era médicamente imposible convertir a una chica en un chico y viceversa. Muchas personas transgénero, dijo, tenían dificultades sexuales y las tasas de suicidio eran altas.

Levine también afirmó que los niños negros y asiáticos, los niños adoptados, las niñas y los jóvenes autistas tenían más probabilidades de ser diagnosticados como «trans» en Estados Unidos. «Contrariamente a las esperanzas de las personas ‘trans’ de que la medicina y la sociedad puedan cumplir su aspiración de convertirse en un hombre o una mujer completos, esto no es factible biológicamente … Se trata de un caso poco frecuente de una persona joven con disforia de género que no tiene ningún diagnóstico psiquiátrico asociado ni síntomas que lo sugieran», afirmó.

Levine también comentó al tribunal que como los activistas «trans» tachan a los críticos de tránsfobos, pocos se atreven a hablar. En sus propias palabras: «Las voces críticas y cautelosas son acalladas por tránsfobas, estar cargadas de odio y más interesadas en la terapia de conversión. Así se ha creado un ambiente intimidatorio y hostil donde el silencio y la aquiescencia son la consecuencia inevitable. Recae en nosotros, que estamos al final de nuestras carreras y no tenemos nada que perder, expresar nuestras preocupaciones».

se ha creado un ambiente intimidatorio y hostil donde el silencio y la aquiescencia son la consecuencia inevitable.

John Whitehall, profesor de pediatría de la Universidad de Western Sydney en Australia, otro testigo pericial, dijo que la información dada a las familias que acuden a la clínica Tavistock «no parece compartir con los niños confundidos y sus progenitores y cuidadores la certidumbre estadística de que casi todos ellos volverán a tener una identidad congruente con sus cromosomas a través de la pubertad, que los ‘bloqueadores de la pubertad’ y la terapia hormonal cruzada tienen efectos estructurales en el cerebro, como tampoco la advertencia de que la tasa de suicidio en los adultos es significativamente mayor después de la transición».

El Reino Unido es uno de los países pioneros en el tratamiento con fármacos de niños con disforia de género. En Estados Unidos, donde los bloqueadores de la pubertad y la cirugía son fácilmente accesibles a los niños, los republicanos están pidiendo una mayor regulación. Dakota del Sur y Florida se cuentan entre los estados que han intentado en vano penalizarlo.

La clínica Tavistock se expresó así: «El GIDS (Servicio de Desarrollo de Identidad de Género) es un servicio seguro y serio que antepone siempre los intereses de sus pacientes y sus familias. Hemos solicitado apelar la sentencia, así que no comentaremos nada sobre el procedimiento en curso».

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