El asombro de los marcianos invasores

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Cuando analizo cómo el relato audiovisual representa a las mujeres, siempre empiezo destacando una primera evidencia: no nos representa o, más exactamente, nos representa en un porcentaje que para nada se corresponde con la realidad.

Ilustro tal deformación con una suposición muy “peliculera”: los extraterrestres desean invadirnos y, antes, a fin de hacerse una idea de cómo somos, visionan films, series, videojuegos, ven canales de televisión…

Si así lo hicieran, al aterrizar, se quedarían estupefactos comprobando que la mitad de la humanidad (de hecho, algo más de la mitad) somos mujeres… Y, además, no todas guapas, jóvenes y enamoras. Ni siquiera medio tontas (o, al menos, no más tontas que los hombres). Observarían, atónitos, la gran actividad que las mujeres desplegamos en todos los órdenes de la vida. No hubieran podido sospecharlo…Claro, que tampoco los extraterrestres hubieran podido sospechar que hay tareas absolutamente necesarias para la vida (limpiar, cuidar a los niños, hacer la compra y la comida, etc. etc.) que requieren varias horas de trabajo diarias y que recaen fundamentalmente en las mujeres.

¿por qué un menor no puede emprender un viaje sin permiso de los adultos que tienen su custodia, pero sí puede amputarse las mamas?

En fin, esos serían los asombros de los extraterrestres al llegar a la tierra y constatar la discordancia entre la realidad y la representación que de ella hacemos. Esos serían hace unos años porque, ahora, si los extraterrestres estuvieran viendo ficciones audiovisuales y programas de televisión y leyendo prensa, además de deducir que la humanidad está compuesta casi por un 90% de hombres y que las pocas mujeres que existen sirven como personal de relleno dedicado a aportar un plus erótico, deducirían que hay una categoría especial de seres humanos, los llamados trans. Estos, además de tener un ministerio dedicado solo a ellos, acaparan la atención constante de los medios de comunicación de masas.

De esa presencia tan intensiva y generalizada, deducirían, lógicamente, que los trans son millones y millones. En vista de su masiva presencia en los medios, les parecería raro que dijésemos que están marginados. Y les parecería raro que, a pesar de contar con tal aplauso y propaganda masiva, dijésemos que no se les aplican los derechos humanos. O sea, por ejemplo, que los trans no tienen derecho a la vida, ni a no ser humillados, no pueden reunirse, ni cambiar de residencia, ni vestirse o maquillarse como deseen, etc.

Claro que, si los extraterrestres se pusieran a hilar un poco fino, seguro que les surgirían otras dudas. Por ejemplo ¿por qué se considera gravemente patologizante requerir un diagnóstico médico y psiquiátrico para cambiar la identidad y, sin embargo, no se considera patologizante forrar de hormonas -y para toda la vida- a un preadolescente? ¿por qué un menor no puede emprender un viaje sin permiso de los adultos que tienen su custodia, pero sí puede amputarse las mamas? ¿Por qué se exige que los deseos de algunos se conviertan en derechos de obligado acatamiento para todos?

Fijándose en el relato socialmente compartido, los extraterrestres, deducirían que, por el contrario, los pocos miles de mujeres que existen viven tan ricamente, sin padecer problema alguno. Antaño sí tuvimos problemas, pero ahora ya no. Ahora, por ejemplo, la violencia contra las mujeres (violencia de todo tipo: física, sexual, obstétrica, laboral, etc.) es solo episódica y anecdótica. La desigualdad estructural no permea ya toda la vida social. Ya no hay pobreza femenina galopante, ni paro en mucha mayor proporción que el masculino. Ya no se habla de los trabajos penosos y subpagados de las mujeres, ni de prostitución, ni del alquiler de nuestros cuerpos como si fuésemos hornos microondas…

Nada. Todo ello ha desaparecido y, por eso, solo merece ser comentado puntualmente, cuando, por ejemplo, hay una violación especialmente brutal (y, aun así, se debe interrogar a fondo a la mujer, no vaya a ser que esté inventado cosas y fue ella la que provocó). Y como ha desaparecido, queda fuera del foco mediático. No son temas que importen, interesen o afecten a la humanidad…  al revés de lo que ocurre con los gravísimos problemas que acucian a los millones y millones de trans.

Eso deducirían los marcianos, sí.

Nosotras deducimos que la misoginia nos ha echado encima un innovador y pesadísimo manto de plomo para taparnos otra vez, para inmovilizarnos y dejarnos sin lugar y sin palabra: el transactivismo.

Las mujeres llevamos siglos reivindicando nuestros derechos y luchando por visibilizar nuestros problemas. Hemos conseguido grandes avances. Y ya nos parecía adivinar una tenue luz del final del túnel… Pues no, el patriarcado se ha sacado un nuevo as de la manga.

Hoy (8/04/21) he vivido esta maniobra en mis propias carnes.

Intervine en nombre de Mujeres al Congreso, en un programa de TV3, Planta Baissa, para explicar nuestra propuesta de crear una organización política feminista. Pues resulta que solo preguntaron por los trans…

Y, desde leugo, estoy deseando ver que, alguna vez, cuando inviten a una asociación antirracista, les pregunten si se oponen a que cualquiera que lo desee se declare negro. Y, para colmo, los acusen de practicar un anitirracismo excluyente, dado que no se ocupan de los problemas que sufren los blancos…

En fin… que el patriarcado tiene aún mucha artillería en su recámara. Razón de más para que nosotras no nos rindamos.

 

 

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Circulo de Mujeres de Valencia